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La escuela
Llevaba un tiempo escuchando barruntos de tormenta a cuenta del sistema escolar, y sin embargo tanta y tan amarga polémica acerca de si Educación para la Ciudadanía sí o no o si asignatura de Religión según y cómo no acababan de proporcionarme la auténtica medida de lo que hay y sobre todo de lo que no hay.
Pero ha bastado que a modo de anécdota un conocido me muestre el boletín de notas de su hijo (sí, de acuerdo, de un crío de cinco años se me dirá) para que alguna que otra señal de alarma haya saltado. Debe de ser que las gradaciones de toda la vida son retrógradas, reaccionarias y poco pedagógicas, porque parece que ahora todo lo que haga en la escuela la criatura se resumirá en que haya "iniciado un objetivo" o durante ese trimestre se dé una "consecución adecuada"; así con un par. De los comentarios adicionales introducidos por el pedagogo de turno mejor no hablar, basta con decir que todo ello bien cabría haberlo resumido en un "guay, tío".
Me gustaría pensar que puede haber personas en este país que se sientan inquietas por la perversión intrínseca de un sistema educativo que rasea por lo bajo, que
... (... continúa)Realidad e imagen
"Chikilicuatre hasta en los grafitis - Un grafitero se lanza a 'vestir' Madrid con la imagen del representante español"
Dice la noticia.
Y se supone entonces que disponiendo de pasaporte español uno ha de sentirse así representado; pues vaya. Y además también se ha de suponer que el representante participa en alguna medida de las condiciones que definen al representado, que se da una comunión siquiera parcial en objetivos, inquietudes e intereses; pues vaya también.
El gabinete
Las composiciones o remodelaciones gubernamentales y por ende las denominaciones ministeriales obedecen normalmente a los problemas y retos que se plantea una sociedad en un momento histórico determinado.
Permítame, Sr. Zapatero, que dude de que la igualdad sea el desafío más relevante que tiene este país ahora (y mucho menos como la conciben algunos de sus secuaces).
Le propongo en cambio que cree un ministerio para la estupidez y que se encargue personalmente de su gestión en honor a esa calidad de soberano estúpido de la que tanta gala hace.
¡Ah, y por cierto! Bienvenido a la fascinante tarea de estar al frente de una economía que va a crecer durante los próximos años al ralentí, a ver si de algo le sirven sus peroratas huecas para poner el asunto bajo disimulo.
A manera de pronóstico
Hace poco más de dos siglos, cuando los ecos revolucionarios llegaban desde Francia a Inglaterra y las libertades civiles consuetudinarias de esta nación peligraban, alguien lanzó el siguiente juicio sobre el gobierno de Pitt: "los bellacos y sus fautores parecían dominar el mundo; y llevaron su servilismo hasta tales extremos que, en mi opinión, si el señor Pitt hubiera propuesto aprobar una ley para deportar a todos los que tuviesen la nariz chata y colgar a los que superaran los sesenta años de edad, esos individuos la hubieran defendido, calificándola de idea brillante y sabia medida."
Salvemos adecuadamente las distancias en tiempo y espacio y convengamos en que, hoy por hoy, no es necesario deportar ni colgar a nadie para obtener su muerte social. Sentado esto aguardemos a lo que viene; creo que en los próximos años vamos a asistir a nuevas leyes con sorprendentes exposiciones de motivos y articulados dignos de guión de la Hammer.
Sutilezas procesales

Así que el señor está pensando en si va a reincorporarse a sus tareas habituales (¿cuáles, de las unas o de las otras?) y ello porque tiene "derecho" o así se lo arroga.
En vez de manifestar un poco de decencia el caballero porfía en lo que parece haber sido su seña y guía durante años: es mío y por tanto lo tomo y hago lo que quiero con ello.
Sin dejar de lado que estos asuntos de la Ballena Blanca y la Malaya y otras hierbas son en buena medida pan y circo, escarmientos políticamente bien dirigidos y administrados y por supuesto rentabilizados, a ver cuántos lamentos por la dignidad herida nos toca escuchar ahora
Bueno, que le aproveche.
Primero dijo...
¿Se acuerdan de aquella sección del extinto TBO? En la primera viñeta un personaje decía y en la siguiente se desdecía. Ahora el Sr. Rajoy, en un alarde de creatividad, no necesita ni cambiar de viñeta para decir una cosa y la que al menos implícitamente es la contraria sin despeinarse.
Observen sino esta frase maestra: "(...) Quiero que este partido sea lo que es, un partido popular, moderado, abierto e integrador, y no un partido de doctrinarios", pronunciada eso sí al calor de un discurso multitudinario, que ya sabemos que es una situación capaz de poner a nuestros irresponsables políticos muy exaltados y verborreicos. Y todo para luego rematar el asunto con una pirueta final del estilo "si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya". Pues nada, con tales hechuras el PP va a ser un partido de lo menos doctrinario y de lo más integrador y les digo nada en cuanto a lo abierto que va a parecer a liberales y conservadores; abierto de puertas para salir de él previa patada en la retaguardia, evidentemente, porque otra cosa no parece que puedan esperar.
No se pide tanto
"(...) los promotores acceden a reducir precios en determinados supuestos, pese a asegurar que no pueden hacer "grandes maravillas"."
No, caballeros, no se trata de pedirles maravillas. Bastaría con algo mucho más simple como unas pequeñas dosis de decencia.
Como de costumbre
Se miente para ganar unas elecciones, es una práctica tan asentada entre los políticos que a nadie puede sorprender.
Y no se trata en este caso de una mentirijilla piadosa y anecdótica porque ¿será capaz el Sr. Solbes de sostener que no conocía los estudios, estadísticas y previsiones que daban pié a una rectificación de tal calado como la que se ha hecho ahora en las previsiones de crecimiento? Ocho décimas nada más, dirán algunos, casi nada si las ponemos en relación porcentual con un pronóstico del 3,1%: vamos una gabela de que significa prácticamente el 25% de reducción, y por tanto de error o más probablemente de descarada manipulación; y ello sin contar con que la tozuda realidad (sí, ésa que cuando no les da la razón tanto disgusta) probablemente sitúe las cifras finales en el 2% o menos.

