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Ucronías

Cuando te arrojan el guante

Cuando te arrojan el guante

Mal asunto, creo yo, cuando comienzas a empatizar e incluso a simpatizar con tu psiquiatra. Hace unos días salí de su consulta con la perturbadora sensación de que se trata de un buen tipo que se ve obligado a escuchar mis delirios cada cierto tiempo, encajándolos con buen ánimo y aguante, siendo incluso capaz de proporcionar bienintencionados consejos.

Con todo imagino que debe de ser bastante frustrante para él, en lo profesional y puede que incluso en lo personal, topar con una barrera de desidia, pereza mental, desánimo y profundo escepticismo. Todo ello hace que cualquiera de los desafíos propuestos a lo largo de varios años se haya convertido en un a sucesión de fracasos, y lo peor de todo, desde su punto de vista, es que no llegue a concebirlos como tales, puesto que sólo fracasa quien se propone un objetivo y no lo alcanza y yo no he logrado siquiera interiorizar una meta para perseguirla.

A lo largo de los años, sesión tras sesión, vas topando con las cuestiones habituales acerca de las etapas vitales y sobre cómo se supone que uno ha de ir cubriéndolas con su inevitable cupo de éxitos y frustraciones. Pasa el tiempo y a las puertas de la cuarentena contemplo, con una mezcla de fascinación, regodeo y estupor, cómo arranco hojas del calendario cada vez con más rapidez.

 

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