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Ucronías

Anasagasti o los diferentes modos de vivir la realidad

La avería habida en Blogia durante los últimos días ha mandado al limbo informático alguna entrada de la que no tenía copia de seguridad. Intento recuperar una de ellas al menos en cuanto a sus líneas generales.

Resulta que el Sr. Anasagasti escribe también su blog, cosa muy legítima para la difusión de sus ideas. Ahora bien creo que desde éste, aunque no me lea nadie, puedo ejercer el derecho de hacer algunas observaciones acerca de lo que este caballero escribe.

Antes de entrar en el comentario acerca de una entrada concreta, me da por recordar que en algunos de sus artículos el Sr. Anasagasti se ve dominado por algunos de los tics característicos de la gran familia nacionalista, sobre todo ése tan significativo que tiende a señalar a los "nuestros" y "los otros". Viene ello a cuento porque en el verano de 2000 ese destacado político escribió un artículo titulado "Somos tan hermanos como Caín y Abel"; por cierto, es preciso aclarar que el contexto en que se escribe es el de un recrudecimiento de la "kale borroka" y los viles asesinatos de que fueron objeto Jose María Korta, empresario vasco vinculado al PNV, Juan María Jáuregui, ex Gobernador Civil socialista de Guipuzcoa, y el teniente Francisco Casanova. Pues bien, no deja de ser significativo que dicho artículo a la última de estas víctimas le niegue incluso la merecida dignidad de su nombre y apellidos y se recurra a la nauseabunda elipsis de citarlo tres veces como (sic) "el militar", "el teniente" y "el de Berriozar", pero, claro, hasta entre los muertos hay clases.

Por cierto, que en el mismo artículo el Sr. Anasagasti se escandaliza porque a su madre la obliga una panda de descerebrados a bajar del autobús que luego incendiarían. Claro embotamiento de la percepción, ya que algún tiempo tardó el hombre en darse cuenta de que esta gente, sí, los "chicos de la gasolina" como dijo un correligionario suyo que no es preciso citar, eran un tanto peligrosos. Y, claro, para dejar bien claro que las credenciales familiares son nacionalistamente impecables se aprovecha para citar de pasada que su madre sufrió un corte de pelo al cero por parte de los falangistas cuando entraron en Zarauz.

Desde luego que los salvajes metidos a peluqueros que hicieron aquello hubieran merecido, como mínimo, que se les cayera la cara de vergüenza y por suerte la madre del Sr. Anasagasti pudo contarlo. A cuenta de esto viene el comentario a la entrada del blog que anticipaba: el articulista cita de nuevo tal episodio a cuenta de su setenta aniversario e invita a quien lo desee para que haga una llamada telefónica a su madre con tal ocasión, pues lo agradecerá. Y lo hace con total tranquilidad de espíritu, sin inquietud alguna por quién pueda llamar y qué decir, como ha de ser por otro lado. Aclaro que en el propio blog facilita el número al que habría que llamarse para ello.

Ahora bien. ¿Alguien concibe que un político ajeno al nacionalismo facilite públicamente el teléfono de una víctima del terrorismo o de alguna tropelía cometida por el bando republicano en la Guerra Civil para que recibir unas palabras confortadoras? Si lo hiciera sin duda sería automáticamente encerrado en un psiquiátrico.

Por cierto, el artículo del año 2000 que citaba más arriba se publicó originalmente en Deia, uno de esos periódicos que cuando los compras en ciertas zonas del País Vasco no es necesario que el kioskero te facilite una bolsa de plástico para que no se vea cuál es la cabecera.

Indudablemente para el Sr. Anasagasti, si es que alguna vez ha sido consciente de ello, todo esto no constituye más que simples futesas.

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