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Ucronías

Cioran dominical

Cioran dominical

 

"La única función del amor es la de ayudarnos a soportar esas tardes dominicales, crueles e inconmensurables que nos hieren para el resto de la semana -y para toda la eternidad-..- Emile Cioran.

Se aproxima el domingo por la tarde con este preludio de la mañana y, como es inevitable, recuerdo esa frase de Cioran que alguna vez subrayé. En estos momentos tengo la sensación de que hasta la fecha he intentado casi todo, incluidos simulacros de amor, para sacar adelante cada domingo por la tarde de mi vida, pues creo que no logro soportar de ellos ni siquiera el modo especial en que se transmiten los sonidos durante esas horas.

Desde el fútbol hasta sesiones de sexo frenético y casi mercenario; desde hacer deporte a buscar refugio en cines de sesión continua; paseos, Beethoven o decretar que la noche empezaba a las cinco y acostarme, ... . Todo ha ido fallando, agotando su capacidad paliativa inicial. Convencerme de que sentía amor o, mejor dicho, dejarme convencer de que podría sentirlo fue sin duda la etapa de inconsciencia más gloriosa, aunque al tiempo la que más secuelas ha dejado. He pasado decenas de domingos recorriendo este país de arriba hacia abajo para encontrarme con aquel soporte dominical y lejano, y al menos en tanto consumía horas al volante ni me daba cuenta de que transcurría el domingo, ya que conseguía estar regresando de cualquier parte adónde hubiese ido. Puede que tuviese razón Cioran al definir esa función: hay que admitir que cuando recorría con ese alguien calles de otras ciudades no me daba demasiada cuenta de lo que estaba haciendo y, lo que es más importante, de para qué lo hacía. Sin embargo, al echar la vista hacia atrás es cuando se aprecia hasta qué punto hace mella y es ilusorio pretender que esas tardes dejen de aplastarte.

 

 

 

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