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Ucronías

Regreso

Un autobús atravesando la nada en mitad de la noche, cansancio, sueños que uno intenta descabezar sin mucha fortuna y he seguido dándole vueltas a la sensación de haber fracasado, pese a no verme urgido en este momento al éxito. No he sido capaz de afrontar con la brillantez y claridad que esperaba una entrevista de trabajo, se supone que para obtener un trabajo mejor que el actual.

Esa situación erizó esta tarde mi sensibilidad hacia lo que iba encontrando por el mundo agitado y real, fuera de unas oficinas funcionales, asépticas y cerradas sobre sí mismas en las que acababa de estar: ancianos que arrastraban los piés y puede que las secuelas de una vida que va concluyendo, mendigos, vendedores ambulantes que no logran vender nada, gentes soportando trabajos agotadores y mal remunerados viéndose obligadas a servir y sonreir a cretinos como yo mismo, ... En definitiva, el terror a verme necesitado en algún momento de un pobre triunfo personal en lugar de haber hecho un ensayo a priori inofensivo.

Creo que siempre he detestado las ciudades por su característica de condensar, casi sin transición, opulencia y miseria.

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