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Ucronías

Paliativos

Paliativos

A veces Lucía, llamémosla así, apuntala mis derrumbes dominicales. Ayer me recibió, como otras veces, en su piso y pasamos, casi sin preludio y sin hablarnos, a su dormitorio. Está tácitamente pactado que no se den los ceremoniales que se le suponen propios: no debe decirme nada, la coquetería o la provocación están de más, se conoce lo que ha de ocurrir.

Normalmente nos sumimos en un cuasi silencio, sólo levemente agitado, y después, si hay tiempo para ello, queda un rato para la pereza y unas palabras. De ayer vagamente recuerdo, difuminada por una grata modorra, la mención a algunos planes e ilusiones de los que sé alguna cosa. No me cansa escucharlo de ella, a diferencia de como me ocurre con otras personas, puede que me parezca que tiene más derecho a ello que nadie. Me despedí hasta la próxima y dejé algunos billetes en la sala, como es costumbre.

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