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Ucronías

La felicidad

La felicidad

Alguna de la gente feliz que conozco acude a los mítines políticos de su partido y aplaude con entusiasmo cada vez que escucha lo que desea oír, puede que incluso sin darse cuenta de haber visto la discreta señal con la que debe arrancar a hacerlo.

También cierta gente feliz sonrie satisfecha cuando encuentra el artículo de opinión en el que encuentra apoyo a lo que dice creer gracias a alguna pluma autorizada, porque así acaba de recibir una dosis de seguridad adicional y casi gratuita.

La gente feliz es bienamada por su banco, porque tiene proyectos. Y como es necesario financiarlos antes practicaba la virtud del ahorro y ahora se embarca en una incluso superior, sobre todo para el banco, que es endeudarse.

Sé de esa gente feliz que decide tener hijos o incluso los tiene porque está decidido que así ha de ser. Y lo hacen porque son generosos y entregados, que puede que lo sean, aunque al final acaso acaben reconociendo que en parte lo hacen porque así tendrán quien los cuide cuando lleguen a ancianos.

Podría citar tres o cuatro ejemplos de felicidad absoluta consistentes en deslomarse cada día para ascender peldaños de lo que llaman bienestar, pero prefiero no abordarlos.

Yo no soy mejor que ellos, desde luego, pero nunca me empeño en decir que conozco la felicidad porque no sería cierto, no dispongo apenas de noción sobre ese asunto en carne propia y creo que tampoco me preocupa demasiado averiguarlo.

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