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Ucronías

En duermevela

Dado que la muerte es absoluta desconexión, una ausencia total de percepciones y pensamientos, la gran ventaja de estar vivo es ser capaz de asomarse de vez en cuando a la inexistencia y abarcar una mínima porción de su enormidad. Si perdemos el miedo a esa fragmentación del ser podremos iniciar sin problemas viajes de ida y vuelta hacia la noción de la nada; sólo es preciso asimilar que cada vez se deja un poco de uno mismo en el otro lado y que jamás se puede recuperar.

Cuando se aprende esa técnica de vuelo libre se acaba por ser un poco más independiente y dueño de uno mismo porque, precisamente, se interioriza que se posee nada y no hay fines, objetivos, proyectos ni futuro. Y así únicamente cabe asimilar en pequeñas dosis que, después de un momento dado, no habrá lugar para nada y que ni siquiera habrá la posibilidad de tener noción de ello. Existir no es más que asomarse un ratito al patio del recreo, puede que para jugar o puede que para quedarse parado en un rincón. Mientras tanto quizás una recóndita célula de nuestro organismo esté genéticamente dirigida o decida convertirse al anarquismo y arrastrar a las demás; o acaso desde que nacemos se inicie la cadena de acontecimientos que finalmente precipite, en una curva de una carretera olvidada, a dos moles de metal entre sí.
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