Blogia

Ucronías

Sucesos

De repente las cosas dejaron de ocurrir del modo en que siempre habían venido sucediendo.

Nadie se salvaba ya en el último segundo. Ningún accidente, ni una sola catástrofe dejó de darse si era previsible que se produjese: no hubo más pilotos de aviones de línea que lograsen forzar el viraje salvador, ni un solo huracán se desvió en adelante de su ruta hacia una zona poblada, en las plantas químicas los técnicos ya no podían moderar reacciones desbocadas...

Se acabaron los milagros.

Sólo entonces Dios tuvo a bien manifestarse, por primera y hasta el momento última vez. Se limito a decir: "Me he vuelto indiferente".

Dime

Creerse sus mentiras fue más sencillo y confortable que aguardar a que alguna vez dijese una verdad.


Movimiento inercial

¿Cuándo comenzó a terminar mi impulso vital?¿Hubo algún instante concreto en el que la curva comenzó su fase decreciente? Desconozco si se dio algo así. No tengo ni idea acerca de si un jefe aficionado a la presión y el acoso moral erosionó algunos cimientos mediante una labor de zapa de años. Tampoco sé si aquella relación sostenida pero insostenible mermó muchas de las fuerzas que hubiera necesitado para más adelante.

Lo único cierto y palpable es esta sensación no ya de que la partida esté perdida sino de que no hay ganas, tampoco tal vez tiempo, para jugarla. Sólo está la noción repetida y marcada de que no hay mucho de lo que tirar, de que algunas cosas se están haciendo ya posiblemente por última vez.

 

Sobre lavadoras

Sobre lavadoras

La única vez en años que he sentido cierto temblor interno estando con una mujer ha sido hace algunas horas, en el cine. Una película comienza con una reflexión, un monólogo acerca de lo que puede sugerir ver la lavadora en funcionamiento. Hay gente que aún no conoce esos momentos irrepetibles pero me sentí profundamente cerca de ella al confesarme que, al igual que yo mismo, formaba parte de la cofradía de quienes hemos pasado horas de la primera juventud contemplando la ropa moverse en la lavadora.

 

Peligrosa exclusividad

Tenemos un miembro más en el club selecto por excelencia. No se exige cuota formal de entrada ni de permanencia, aunque sin duda ingresar en él resulta cercano a lo ruinoso: al último en acceder le da lo mismo que, según se dice, dos millones de sus ciudadanos, súbditos más bien, hayan muerto de inanición en los últimos diez años.

Ahora bien, el resto de los integrantes no parece tampoco demasiado de fiar: la única superpotencia subsistente dirigida por una camarilla de paranoides, los restos de la otra que se han repartido el pastel que se les ofrecía y sin garantía alguna de que puedan ni sepan digerirlo, una potencia local empecinada en morder y ser mordida por sus vecinos, dos enemigos irreconciliables, un gigante emergente de escasos escrúpulos, un país desafiante y fanatizado y dos envejecidas metrópolis que se vieron arrastradas en su día a hacerse con una buena provisión de juguetes caros de los probablemente desearían deshacerse.

 


 

La vida en un montón de piezas

Me ocupo de desmontar para luego reconstruir y hacer que funcione un montón de piezas. Cada una de ellas tiene su trocito de historia personal. Deshago el esfuerzo que un día se aplicó para su montaje. En cierto modo pongo en funcionamiento una peculiar variedad de máquina del tiempo. En ocasiones me quedo vacilando unos instantes antes de desarmar aquel empalme de tono chapucero, ese soporte hecho de cualquier modo pero que ha resistido mal que bien el paso de los años. Es cuando a veces me cuesta dar el primer golpe de llave o de destornillador. Durante estos días, sí, me siento extraño porque estoy borrando huellas para siempre.

¿Enemigos?¿Aliados?

¿Choque entre civilizaciones?¿de religiones? Retórica vacía a la que algunos interesadamente se agarran. El único conflicto real se da entre formas de pensamiento. La una racional, sometida a escrutinio y revisión, capaz de admitir errores y de variar planteamientos, carente o casi de absolutos a los que referirse. La otra, vanagloriada de sí, autosuficiente. incapaz de reconvertirse sino hacia un mayor radicalismo.

En esta situación hablar de creencias religiosas o de concepciones políticas está de más. La brutalidad a la hora de imponer un sistema propio de creencias puede utilizar sin conflicto alguno tanto las suras como un versículo bíblico, se emplea igualmente a Hayek o a Marx, Adam Smith sirve a unos y otros rinden cultos a la personalidad como en tiempos de Enver Hoxa.

La amenaza viene de ambos lados.

 

¡Miénteme, Pinocho!

El País, 23 de agosto de 2003: "En una rueda de prensa, Zapatero ha afirmado que "Aznar debe explicar a los españoles por qué..."

Ya.com, 5 de agosto de 2006: "La secretaria de Política Autonómica y Local del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, (...) denunció (...) a su juicio, el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, debe explicar a los españoles "por qué se ha lavado las manos en este tema y por qué desde Interior no se garantizó la seguridad del aeropuerto, de los usuarios, que es la tarea que le corresponde".

Finanzas.com, según nota de EFE de 31 de julio de 2002: "El portavoz parlamentario del PSOE, Jesús Caldera, reclamó hoy al vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, Rodrigo Rato, que (...) ahora debe explicar a los españoles las medidas que va a proponer "para recuperar la confianza de los inversores y de los ahorradores" en la Bolsa."

 

¿Seguimos?

Soy español, o al menos eso dice mi pasaporte, y estoy harto de que se pidan explicaciones que cada uno dará a su manera y acerca de las cuales siempre tendré la seguridad de que me han mentido.

 


Me sirvieron una ración de tristeza

Hace un par de días, a media mañana, paseaba por ahí y sentí ganas de comer algo. No sé por qué razón se me antojó pedir una ración de calamares sin recordar que casi siempre me producen alguna melancolía.

 


 

No se trata de esas formas que la fritura ha torturado, pues los calamares parece que levantan los brazos pidiendo auxilio incluso en ese momento. Lo que ocurre es que si los como suelo recordar que, hace ya muchos años una chica me abordó en la plaza mayor de una ciudad cualquiera y me preguntó si podía prestarle algo para comer. Me sacaría unos escasos años, joven ella adolescente yo; sin duda guapa pero algo ajada, con signos evidentes en el rostro y en la mirada de no haber sido muy bien tratada por lo que fuera: ¿la vida?¿algún patán?¿aquellos primeros ochenta de paro galopante?... Creo recordar que le di casi todo cuanto llevaba encima, algo así como diez duros de los de entonces, menos algunas monedas que me reservé para el transporte; más o menos lo que costaba uno de los bocadillos de calamares que servían por allá.

Nunca he olvidado ni podré olvidar sus ojos, bellísimos, que chispearon un momento; luego me dijo gracias con una sonrisa. Me sentí reconfortado entonces por haberle echado una mínima mano y en ocasiones me siento triste porque me pregunto qué habrá sido de ella e intuyo que no puede tratarse de  nada bueno.

 

Ciertas diferencias. Diferencias ciertas

En ciertos pueblos levantinos las fiestas populares comienzan a adaptarse a los tiempos . Algunos resabios salvajes, por mucho que estén revestidos de tradición, no está mal que comiencen a ser atemperados. Sin embargo pretender una cierta reciprocidad parece que entra de lleno en lo ingenuo, cuando no en la inconsciencia más peligrosa. No hay manera de conciliar las pretensiones de sociedades y estados casi indisimuladamente teocráticos con otras formas de convivencia en las que el fenómeno religioso ha sido relativamente aparcado, y para muestra podría haber algún otro botón , y más , y más ...

Sentido lúdico

Ayer asistí, por razones que no vienen al caso y después de mucho tiempo, a una liturgia católica. Regresó una de las viejas sensaciones: en su solemnidad no estaba más que ante un juego pueril de certezas sustentadas en algo intagible como humo, el refugio de quienes siguen sintiendo agitación ante la incertidumbre o siguen negando que, de cuando en cuando, sienten, supongo,  la perturbadora sensación de intuir que nada de cuanto les contaron que encontrarán estará esperando ahí.
De cualquier modo para nada son preferibles las religiones sin sación divina. Al fin y al cabo el resultado acaba por ser idéntico: Convencerse de que se posee la razón en tanto que los demás carecen de ella.

La barrera

La barrera

Cuando se conoce de su existencia ya ni siquiera se intenta sortearla o forzar el paso. Al principio se choca tozudamente contra ella y las energías van evaporándose en cada tentativa. Más tarde se aprende a mirar a lo lejos, a mantener una distancia prudente; hay siempre pequeños signos que advierten de que está ahí y aguarda inmutable para causar nuevos destrozos. Otras veces se ofrecen circunstancias favorables, y una buena marea y ciertos vientos pueden animar a probar de nuevo. Aunque al final el ánimo renovado dura poco y, de tanto esperar mirando, el tiempo corrompe y hace ingobernable el navío.

Temblor

Temblor

Al principio le resultaba fácil y poco arriesgado vivir como equilibrista. Sin embargo un día notó con inquietud que, de soslayo, comenzaba a mirar a veces hacia abajo.

Eligiendo

Al final la inagotable y estúpida caterva de fanáticos acaba por obligarte a hacer elección: ¿Dios o el cine?¿Dios o el teatro? Últimamente, ¿Dios o Mozart? Incluso contando conque casi me daría lo mismo si en las cárceles de sus convicciones sólo quedasen confinados ellos mismos.

 

Plañideramente

Plañideramente

Al tiempo que acumulaba condolencias y coleccionaba muestras de compasión,

a parecido ritmo crecía una correspondencia cada vez más candente con aquel,... ¿antiguo?¿amor?

Paliativos

Paliativos

A veces Lucía, llamémosla así, apuntala mis derrumbes dominicales. Ayer me recibió, como otras veces, en su piso y pasamos, casi sin preludio y sin hablarnos, a su dormitorio. Está tácitamente pactado que no se den los ceremoniales que se le suponen propios: no debe decirme nada, la coquetería o la provocación están de más, se conoce lo que ha de ocurrir.

Normalmente nos sumimos en un cuasi silencio, sólo levemente agitado, y después, si hay tiempo para ello, queda un rato para la pereza y unas palabras. De ayer vagamente recuerdo, difuminada por una grata modorra, la mención a algunos planes e ilusiones de los que sé alguna cosa. No me cansa escucharlo de ella, a diferencia de como me ocurre con otras personas, puede que me parezca que tiene más derecho a ello que nadie. Me despedí hasta la próxima y dejé algunos billetes en la sala, como es costumbre.

Tiempo


Y aunque aún resista caminando durante horas sin aparente fatiga. A pesar de que pueda dar sopas con onda a más de un mozalbete pretencioso que quiere lucirse en la piscina. Prescindiendo de que mi mente todavía almacena, clasifica, asocia, recupera y utiliza datos con relativa facilidad. Incluso contando con todo ello... , mi mierda, me he dado cuenta de ello hace no mucho tiempo, ha comenzado a destilar el inconfundible tufo propio de los asilos.

Desafíos

PRIMERA ESCENA:

Lugar: Una zona universitaria. Preferible que los colegios mayores sean lo más elitistas posible.

Sujetos: Centenares de estudiantes de facultades varias, opositores a notarias, judicaturas, abogacía del Estado y demás cuerpos prestigiosos.

Tiempo: Cualquier fin de semana o víspera de vacaciones. Plena madrugada.

Situación: Todos ellos sellaman entre sí "hijos de puta" o similares durante horas, hasta quedar afónicos. Los más osados se exhiben con procacidad desde las ventanas.

SEGUNDA ESCENA:

Lugar: El mismo.

Sujetos:Antiguos alumnos, ya licenciados e incluso doctorados en diversas especialidades; los que fueron opositores y ya desempeñan sus cargos.

Tiempo: Otro fin de semana cualquiera. La hora es irrelevante.

Situación: Los honorables antiguos alumnos vuelven a visitar su colegio mayor. El director se deshace en atenciones y cumplidos y accede al ruego de conducir a sus invitados hasta la azotea del edificio. Una vez allí, y ante el estupor del anfitrión, todos se desgañitan hasta caer rendidos, gritando "hijos de puta" en todas direcciones.

 


OBJETIVO: Estudiar el fenómeno. No puede haber nada de casual en él.

A veces logro sorprenderme

Tras unos escasos meses me doy cuenta de que la única mujer a la que he guardado fidelidad sin fisuras es una prostituta.
Un día decido armarme de valor, telefoneo a un móvil, concierto una cita y me presento en un piso discreto. A ese encuentro han ido siguiendo otros, más o menos espaciados, sin marcar más pauta que la de la apetencia. No es ni fea ni guapa, ni vulgar ni sofisticada; en términos monetarios supongo que ni cara ni barata porque no estoy al tanto de otras tarifas, aunque sí puedo afirmar que resulta bastante rentable y que tener su compañía esporádicamente y sin obligación alguna me resulta agradable.

Y es ahora, tras este tiempo, cuando me percato del hecho de haberme librado del conflicto inherente a ser fiel y que tanto desgaste de energías alguna vez me supuso. No existe esa ingrata noción de seguir una conducta contraria al instinto. No se dan las ganas de revancha por sentirse atado. No tengo el impulso de campar por ahí a la búsqueda de alternativa.
Pagar por sexo de un modo diferente al que lo he hecho en otras ocasiones puede que acarree algún tributo pesado más adelante, pero no me preocupa porque por el momento me ha dado alas.

Probando

Las experiencias de infinita tristeza no pueden en modo alguno tomarse a la ligera y es necesario abordarlas con la suficiente reflexión previa. No sirven para estos casos las situaciones de dolor puntual, las crisis de estrés, los momentos en que uno se siente desbordado por los acontecimientos sino que, al contrario, es necesario hallarse en un estado previo de profunda serenidad antes de decidirse a ello. Las situaciones son en el fondo son de una sencillez extrema, no son necesarias aparatosas puestas en escena. Valgan algunos ejemplos:
-Niebla: Su valor para difuminar los contornos es tanto como para diluirnos nosotros mismos en ella. Un paisaje neblinoso, preferentemente un pantano o una marisma, es capaz de conducir el ánimo hacia estados de profundo abatimiento.
- Soledad+bosque+frío: Si uno reúne la decisión para sentirlo, es preferible la situación en la que se unen esos tres elementos. En una naturaleza potencialmente hostil, a varias horas a pié de cualquier lugar habitado, cabe percibir cómo se está profundamente abandonado y se alcanza certeza sobre la propia fragilidad.
- El mar: Da casi lo mismo que esté bravio, momento en que nos hará sentir débiles y mínimos; o calmado, cuando su extensión idéntica a sí misma causa una derrota segura.
- La oscuridad absoluta: Un túnel tan largo como para no ver su entrada o salida. Una cueva húmeda y silenciosa. Una noche sin luna en mitad de la nada.
- Despertar junto a alguien a quien no se desea: El sexo contiene un enorme potencial de demolición interior. Saber que se está ahí cuando no se tenía que haber estado, o que se desea salir corriendo, pero un prúrito de civilización nos lo impide, es pura esencia de derrota.
- Determinadas músicas: "Durutti Column", "Godspeed you, black emperor!", "This mortal coil", cierto Brian Eno, Steve Reich en ocasiones, ... Todos ellos y muchos más inducen a estados de abatimiento realmente poderosos.
- Detener tu automóvil en algún lugar al azar tras un viaje de horas sin rumbo: Se equipara ello a la conclusión de que se ande cuanto se ande y en cualquier dirección que se tome jamás se llega a parte alguna.
La tristeza y la desolación es preciso explorarlas lentamente, no caben la precipitacion ni los impulsos. Sólo cuando uno ha entrado de lleno en el conocimiento de su potencial de melancolía es cuando se puede estar seguro de que se está cerca de obtener el único conocimiento válido: que nada sirve para nada.