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Ucronías

Mundo alborotado XIV: ¿Qué divertido, verdad?

Mundo alborotado XIV: ¿Qué divertido, verdad?

Me gustan los coches, pero nunca había prestado atención ninguna a la carrera Gumball 3000.

Hoy parece inevitable hacerlo, pues un par de niñatos han acabado con un pobre desgraciado que conducía tranquilamente y han dejado gravemente herida a otra persona. Los causantes del accidente han salido ilesos y ellos, tan gallardos y valientes, han tratado de huír sin conseguirlo, ¡bravo!

He echado un vistazo a varios foros sobre la carrera y no deja de ser preocupante que junto a mensajes de censura hacia su propio planteamiento haya otros, muchos más, de apoyo a esos "valientes", o que proclaman que lo que en realidad subyace es envidia ante unos privilegiados que merecen toda nuestra admiración.

Por mi parte no siento la más mínima envidia, aunque me gustaría conducir alguna vez un Maserati o un Aston Martin. Al contrario, he sentido repugnancia ante el espectáculo de unos egocéntricos desconsiderados cuyas hazañas (me remito al Youtube) se centran en hacer adelantamientos por el arcén o viniendo coches de frente, brujulear alocadamente entre carriles de una autopista, atravesar a toda velocidad zonas en obras u otras sandeces parecidas.

No, no podría nunca sentir envidia de ello sino más bien de no haber nunca tomado parte o contemplado otros espectáculos que, si bien es cierto acabaron muchas veces en tragedia, al menos poseían un carácter de dignidad, estética, rivalidad caballeresca y en ocasiones auténtica heroicidad, conceptos que estos pijos archimillonarios no podrían ni concebir.

Es ya historia que las Mille Miglia acabaron con una tragedia en la que murió el español Alfonso de Portago y su copiloto, segando además la vida de varios espectadores, algo que aún no ha sido olvidado por algunos de sus familiares; también la Targa Florio, el Tourist Trophy, la Panamericana o el Tour de France se cobraron su cuota de vidas, tanto de pilotos como de espectadores. Sin embargo probablemente hubiese en todo ello un sentido de lo que esta exhibición indecente que es la Gumball carece por completo.

Y como me niego a poner en el post la foto de ninguno de esos horteras y cretinos junto con cualquier petarda con aspiraciones a actriz de tercera fila, incluyo la imagen de quien hoy es Sir Stirling Moss tras haber escrito una página de coraje, pericia, inteligencia y magistral calidad como piloto en las Mille Miglia de 1955 que venció. Ni un solo participante en todas las Gumball que han sido podría aspirar siquiera a tener el honor de limpiar el parabrisas del Mercedes-Benz con el que corrió.

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