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Ucronías

Armas de fuego, libertad, ciudadanía y otras hierbas

Ha determinado el azar que hace unas noches comenzase a ver un documental que había comprado hace tiempo, “Bowling for Columbine” de Michael Moore, y que a la mañana siguiente me desayunase con la noticia en los periódicos acerca de dos matanzas protagonizadas por personas armadas en diferentes lugares de los Estados Unidos.

No me importa en absoluto que el dato inicial sobre tal documental pueda predeterminar para algunos mi postura sobre la cuestión. Cierto es que Moore no deja de ser un hábil manipulador y su recurso a la demagogia es casi indisimulado. Sin embargo, en efecto me muestro claramente contrario a la libre tenencia de armas de fuego.

¿Que puedo estar influido por un desgraciado episodio que viví de cerca en la infancia sobre el uso irresponsable de un arma? Es posible, no lo voy a negar, pero también cierto ejercicio de reflexión me ha conducido a mantener tal postura.

La monserga acerca de la tenencia de armas como fomento de la responsabilidad personal y su potencial capacidad de mejora del ejercicio de la ciudadanía puede ser retorcida hasta el absurdo. Si convenimos, como perfectamente puede ocurrir, que un arma constituye cualquier elemento o medio cuyo uso es susceptible de causar heridas o la muerte puedo muy bien demostrar mi calidad como ciudadano y mi sentido de la responsabilidad construyendo bombas caseras o guardando en casa las muestras de alguna enfermedad contagiosa; en tanto en cuanto mi uso de tales elementos sea proporcionado y defensivo estaré actuando como ciudadano libre y consciente de su papel en la sociedad. Ahora bien, es de suponer que ni manejar una cacerola rellena de explosivo con cables y un despertador o ir por la calle con una jeringa infectada respondan a la estética del pionero; no, sin duda la matriarcal defensora de su prole o el macho que otea su territorio se sienten más a gusto con toda la parafernalia de fusiles de asalto y cananas y no les seduzcan otras alternativas.

Tampoco creo que contribuya a la calidad de la convivencia saber que mi vecino posee armas y municiones, ni siquiera siendo yo mismo dueño de otras tantas; más bien me sentiría mejor amparado si supiese con razonable certeza que esas armas sólo podrán emplearlas profesionales capacitados para ello y no simples aficionados a disparar en un campo de tiro durante los fines de semana. Si creyese en tales beneficios del amateurismo también, por ejemplo, me pondría en caso de enfermedad en manos de quien haya leído un par de manuales de anatomía, total con el solo hecho de atreverse a diagnosticar y prescribir un tratamiento ya estará demostrando su capacidad de ser un ciudadano responsable porque mi vida estará en sus manos y deberá tomar decisiones graves y acaso irreversibles.

Se teclea en un buscador de Internet una serie de palabras como “armas de fuego”, “libertad” y “responsabilidad” y aparecerán centenares de páginas en las que se glosan las excelencias de la posesión de armas. Algunos argumentos allí empleados pueden ser desarmados con contundente facilidad: ¿Antiamericanismo? Para nada, se señala el asunto y una unidad geopolítica donde parece darse con notable incidencia estadística. ¿Toma de conciencia sobre la irreversibilidad y trascendencia del uso de las armas? Sí, claro, seguramente el individuo que se lía a tiros con quien, por ejemplo, invade su propiedad entabla previa o simultáneamente un elevado debate consigo mismo acerca de las causas y consecuencias de apretar el gatillo, lo cual también le hace mejor ciudadano. ¿Consideración de los ciudadanos como menores de edad si no se les permite poseer y usar armas? Es una cuestión que constituye puro germen de debate pues, ¿entonces ha de considerarse necesariamente a todo el mundo o a la mayoría capacitado para ello?. ¿Que lo grave no es la tenencia de armas sino el uso que se pueda hacer de ellas? Pero, señores, ¿no deducían que de la mera tenencia sólo se extraen beneficios?; por otra parte, si se reconoce que el uso inadecuado o irresponsable puede acarrear problemas contrólese de algún modo esa mera tenencia que puede dar pié a ellos. ¿Que poseer armas libremente no condiciona el comportamiento? Caramba, si los panegíricos a ello dirigidos no hacen más que hablar de los efectos positivos de la tenencia en sí, y si eso no es reconocer un condicionamiento (positivo y discutible) del comportamiento humano... ¿Mejora de la seguridad individual y colectiva? En absoluto, hablemos mejor de retroceso hacia una fase más primitiva de autocomposición en el sistema punitivo.

Puede ser una cuestión de concepto, de herencia cultural o cabe enfocarlo como se desee, pero que en una sociedad civilizada mueran cada año alrededor de 10.000 personas por uso de armas de fuego debería ser un dato a analizar y merecedor de una visión crítica algo más fundada que el recurso argumental a los Padres Fundadores y a la valía inmanente de la segunda enmienda de la Constitución Americana.

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